‘HELLBOY’ O CÓMO REINICIAR LA MISMA HISTORIA

Siglo V. El rey Arturo. La reina Nimue dividida por el reino de Gran Bretaña para evitar el Apocalipsis. Con la ayuda de Merlín, el mago. El demonio. En el siglo XXI, para salvar al mundo. Para salvar a Inglaterra de gigantes que atemorizan a la población. Para salvar, nuevamente, al mundo de la magia de Nimue, convencida de volver. ‘Hellboy’, el chico del infierno que nos promete traernos el cielo. 

Tiempos pasados, de la mitología europea. El rey Arturo como un icono de la memoria colectiva británica. Icono que lleva, per se, esos ideales modernos de lealtad, autenticidad, superación y, sobretodo, la capacidad de realizar el bien como arma más poderosa. Como resultado con más significado. 

‘Hellboy’ (David Harbour) es, en la mitología millennial contemporánea, ese mismo icono de la memoria colectiva norteamericana y, per se, occidental. Representación de la contradicción —el mal haciendo el bien— la lealtad a su padre (Ian McShane), autenticidad y superación. Superación de uno mismo, visión muy estadounidense.

Maurice Halbwachs define la memoria colectiva como aquellos sucesos, acontecimientos y recuerdos de éstos que destaca un determinado grupo humano, en su conjunto, y que forman parte de un imaginario colectivo que fundamenta, en parte, los múltiples pilares ideales sociales y culturales.

Una memoria que, individual, conjuga con un colectivo unitario que conlleva ciertas determinaciones. Determinaciones transmitidas por un código, a veces visible y a veces invisible pero apreciable, que nos unen, como seres humanos, en correspondencia.

Neil Marshall emplea esto en el reboot de ‘Hellboy’: la unión de mitologías. Más bien, la unión de memorias colectivas situadas en diferentes tiempos. El rey Arturo, y sus códigos, y ‘Hellboy’ con sus códigos también. Unas determinaciones que corresponden a unos valores que, aunque modificados sustancialmente, permanecen en la memoria colectiva.

‘Hellboy’ es una película de escenas de corta duración. Con muchos cortes. Con personajes bastante bien construidos. Construidos en tópicos del género. Con la dicotomía básica del bien y el mal. Cine para millennials. Más bien, cine para la época millennial. 

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