‘PARIS EST À NOUS’ O CÓMO NOS CONFIGURA EL MOMENTO

La vida se compone de momentos. Momentos que nos desprenden sentimientos, estados de ánimo, nos sitúan en lugares, nos ponen en situación. Nos permean y, también, nos sellan. ‘Paris est à Nous’ son momentos. Es un collage audiovisual acompañado por pensamientos en off. Es la nueva película de Elisabeth Vogler, estrenada recientemente en Netflix.

Un momento. Preciso. Felicidad. Amor. Desengaño. Fatalidad. Tristeza. Recuerdo. Un momento es un recuerdo. Un espacio de tiempo breve, vivido con intensidad o sin ella. Pero vivido y definitorio para nuestra vida. Es lo que le pasa a Anna (Noémie Schmidt). Un instante; una discoteca; conocer un chico; acariciar el pelo; un beso; un deseo; un amor. A partir de aquí, todo es sueño. O no.

Es una espiral de acontecimientos narrados que la llevan a la desesperación. París de fondo, Anna en primer plano. Greg, el chico de la discoteca, en Barcelona. Ella pierde un avión con dirección al vacío. Ese vacío que es el teatro derruido, donde ella se muestra en el instante. Todo va a peor. El momento va a peor.

Imágenes de instantes de lo destructivo de nuestro entorno, de cómo nos nutrimos, para bien o para mal, de ello. Un viaje, a través de Anna, por la Ville Lumière donde lo que se escucha, no es lo que se ve y lo que se siente, no es lo que se muestra. Es un mapa de tres momentos, tres elementos; la ciudad, Anna y Greg. Más bien la ciudad, Anna y la ausencia de Greg; no coincidir con él.

Una imagen vale más que mil palabras. No es cierto. Depende de la imagen. Depende de las palabras. Cuando ‘Paris est à nous’, estas imágenes pueden significar mucho, bañadas por una proximidad que puede ser asfixiante pero que, a la vez, nos funde, a nosotrxs los espectadorxs, con Anna; con su perspectiva. Imágenes que, en definitiva, nos muestran el París de Anna, el cual podría -y lo és, de hecho- el nuestro.

Una historia Lynchiana sobre qué es un momento, cómo el momento lo es todo; nos define, independientemente de si es sueño, pues la distinción no es importante, lo que unx siente lo permea y eso, para Elisabeth Vogler, sí es definitorio de la persona. Un ensayo audiovisual donde el contexto está formado por momentos, esos que, en el fondo, crea a la persona, o no. Depende.

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