‘OIKTOS’ O CÓMO LA PENA ES LA NUEVA FELICIDAD

El ser humano es un animal de costumbres. Costumbres que, como animal, no siempre son razonables ni sinceras con unx mismx. Aunque nos vanagloriemos de ser, por encima de todo, seres dominados por la razón. Presunta razón que nos ha conducido a un progreso decadente, donde tenemos todo y nada. Donde nos situamos vacíxs pero muy llenos por fuera, en nuestro ambiente. 

Grecia. 2018. Yannis Drakopoulos ejerce como abogado. Su vida acomodada es simple: trabajo, casa, ir a la playa, visitar a los amigos, cuidar del hijo, visitar a la mujer en el hospital ingresada por un accidente que la dejo en coma. Los días transcurren con normalidad. En su normalidad. En su monotonía. Monotonía que le ha asegurado cierto confort. Confort, que le ha llevado a una tristeza mecanizada, del día a día.

La tendencia al llanto, pero en soledad, en la intimidad. El abogado resume su día de ese modo. El echar de menos, añorar, vivir con el sentimiento del suceso desfavorable de su mujer que marcó su vida. Una tristeza que no se puede enseñar en público, pero sí mostrar; dejar que ésta se intuya. 

En la sociedad actual contemporánea está mal mostrar dicha tristeza. Es como una especie de abuso arrogante al progreso decadente que hemos conseguido. Hay que ser feliz porque nunca antes, como sociedad, hemos estado tan cubiertos, tan protegidos. Nunca antes nos ha sido tan fácil ser felices. 

Pero la pena es el sentimiento más generalizado. Claramente por esa falsa facilidad para ser felices. Ese sentimiento de tristeza pero, a la vez, ternura proveniente del padecimiento de un ser querido. Pero, a veces, querer a un ser es quererlo de ese modo. Quererlo desde la pena.

Acomodado desde ese sentimiento, ese ambiente que lo envuelve desde hace tiempo, la mujer del abogado un día despierte del coma. Despertar nuevo. Para la mujer (Evi Saoulidou) y para el abogado. Pues la felicidad que supuestamente siente no le llena como persona, no armoniza con su rutina. El ser humano es un animal de costumbres, y su costumbre es sentir pena; vivir en la tristeza, la suya.

Babis Makridis nos pone delante del espejo. Nos muestra la sociedad decadente en la que vivimos y, lo más importante, en la que participamos. Vivimos tiempos donde todxs tenemos taras mentales. Taras mentales en un mundo presuntamente perfecto. Perfección que nos ha conducido a costumbres insanas. Pero, y si la nueva felicidad se hallara en la pena?

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