‘SIR’ O CÓMO LA ESPERANZA EN SÍ ES UN VENENO

Mumbai. Pleno crecimiento económico. Edificios que rascan el cielo entre chabolas que se arrastran por los suelos. El mismo suelo para todxs.  Ashwin (Vivek Gomber) arquitecto intentando llegar, arquitectónicamente, al cielo. Una mujer, Ratna (Ahmareen Anjum), intentando llegar a ser modista; a llegar a la gente de la calle con sus diseños, sus costuras. Su camino pasa por ser sirvienta de Ashwin. Pasa, también, por su encuadre estructural de la vida de las viejas costumbres hindúes. Pasa por ser sirvienta para un señor

Dos mundos. Dos contrastes. Dos vidas y sus respectivas visiones que tienen las mismas conjeturas y las mismas diferencias. Qué esperar cuando se tiene todo; Ashwin no espera nada. Tampoco esperaba que lo dejara su esposa ante el altar, aunque lo hizo. Espera cumplir con las estructuras de vida que lo rodean y, a la vez, cumplir con él mismo, con su vida, aunque tampoco se desespera por ello. 

Ratna lo espera todo. Desde su pueblo de la India espera, una vez marcada por el patriarcado que la culpa de la muerte de su marido, avanzar. Avanzar en un mundo que se regocija en lo establecido, en lo marcado, en aquello que nos toca por habernos tocado, antes de nuestra existencia, determinado contexto. Espera que su talento como modista se vea valorado y que, además, le reporte ganancias económicas.

Un piso en las alturas, con vistas a los rascacielos de Mumbai. Como si ese frame fuese extraído de Blade Runner, se dan encuentro Ratna y Ashwin: los dos con los mismos parámetros que definen su vida y con la misma trayectoria. Ella enviudó y empezó de cero, él fue abandonado por su esposa y le tocó empezar de cero. La cuenta del banco es diferente pero eso no cambia nada. Lo que cambia es la actitud.  La esperanza es un veneno. Veneno en cuanto no sirve como motor de arranque hacia el cambio. Como chispa que enciende el motor. Es algo necesario para empezar a caminar y, una vez en movimiento, caminar solo. Aunque a veces ese camino viene demasiado determinado por los prejuicios de nuestro entorno.

Rohena Gera nos lleva a visitar Mumbai, a visitar los edificios que rascan el cielo y las chabolas que se arrastran por el suelo; nos lleva a ése mismo suelo donde realmente vivimos todxs. Una historia de amor en la superficie que esconde la diferencia primaria y más significativa del ser humano: las ganas de seguir caminando, literal y simbólicamente. Salirse de la zona de confort. Una obra cinematográfica india que, aunque no destaque técnicamente, destaca por el derribo y la mezcla de prejuicio.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s